domingo, 6 de diciembre de 2009

HOMILIA DEL EVANGELIO DEL II DOMINGO DE ADVIENTO 2009



Vino hoy la Palabra del Señor y todos verán la salvación de Dios




Baruc, 5, 1-9; Sal.125; Filp. 1, 4-6.8-11; Lc. 3, 1-6


Material Diseñado por el Presbítero Padre Carmelo Hernández de Tenerife España


La Palabra de Dios no tiene fecha de caducidad; pero la Palabra de Dios sí tiene una fecha de realización. ¿Cuál es esta fecha? Hoy.


Es el hoy salvador de Dios en mi vida. Es el hoy en que me llega esta Palabra de Dios que me anuncia un mensaje de salvación y me da la salvación. Mañana será camino de plenitud total.Hemos escuchado en el principio del evangelio: ‘En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea…’ y así ha seguido dándonos los datos concretos históricos y religiosos del mundo y del pueblo de Israel de aquel momento concreto, ‘…vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto’.


Pensemos en nuestro momento histórico y religioso, a nivel personal y como comunidad, pues hoy, viene la Palabra de Dios sobre nosotros, sobre ti y sobre mí, aquí cuando esta mañana estamos viviendo esta celebración de la Eucaristía – quienes leen esta reflexión por otro medio distinto de la celebración, por ejemplo, por correo electrónico o en el blogs de internet u otros medios, sientan de la misma manera este hoy de la Palabra que llega a su vida -. Vivimos nuestras circunstancias concretas, con nuestra historia personal concreta, pero a nosotros personalmente nos ama el Señor y a nosotros personalmente nos llega esta Palabra que el Señor tiene que decirnos, y además en esta comunidad concreta donde vivimos y celebramos nuestra fe.


La Palabra que el Señor nos dirige en este segundo domingo de Adviento sigue siendo una invitación a la esperanza y a preparar nuestro corazón al Señor que llega a nuestra vida. Una esperanza que nos llena de alegría, porque así es en toda verdadera esperanza. Tenemos la certeza del Señor que llega a nuestra vida y realiza maravillas en nosotros. Nos invita a despojarnos, como nos dice Baruc ‘del vestido de luto y de aflicción y vestir las galas perpetuas de la gloria que Dios nos da; envuélvete, nos dice, en el manto de la justicia de Dios y ponte a la cabeza la diadema de la gloria perpetua…’¿Cuáles son esos vestidos de luto y aflicción? Lejos de nosotros la desesperanza, la tristeza depresiva, las miradas negativas, las actitudes pasivas y paralizantes, los lamentos compulsivos.




Quien cree y espera en el Señor no puede cargar de tintes negros su vida sino que en el esperanza, por muy duros y difíciles que sean los momentos por los que haya que pasar, tenemos una certeza en el corazón que nos hará caminar con ilusión y con coraje. Estamos seguros de quien nos fiamos; estamos seguros de la salvación que Dios nos ofrece. Son otras las vestiduras con que hemos de vestirnos y adornar nuestra vida, ‘galas perpetuas de la gloria de Dios… manto de la justicia de Dios… diadema de gloria perpetua…’ nos decía el profeta. Esa justicia de Dios es su santidad y su gracia, su misericordia y su benevolencia, su luz y su esperanza, su perdón y su vida, la vida nueva que nos da.


Es un querer vestirme de Cristo, de su gracia, de sus virtudes, de su justicia, de su santidad. Es vestirme de su amor para llenar mi corazón de solidaridad, misericordia, compasión. Como decía Pablo en la carta a los Filipenses: ‘ésta es mi oración: que vuestra comunidad de amor vaya creciendo más y más en penetración y sensibilidad’. Así vayamos creciendo nosotros en amor y santidad.Todo esto nos está pidiendo una actitud de conversión profunda en nuestro corazón. Hemos escuchado a Juan el Bautista, ‘que recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en los oráculos del profeta Isaías…’ Ya el evangelista nos señala que Juan es el anunciado por el profeta como ‘la voz que clama en el desierto’ para preparar los caminos del Señor.




A través de él también nos llega a nosotros esa misma invitación. Invitación a la conversión, a dejarnos transformar por el Señor, a quitar esos vestidos de luto que antes decíamos y a vestirnos con las vestiduras de la gloria del Señor. No podemos hacernos sordos a esa invitación. No podemos dejar pasar ese hoy de Dios que llega a mi vida con su salvación. Viene a nuestro encuentro y nos trae vida y gracia.




No cerremos las puertas, no cerremos los oídos, no nos cerremos a esa gracia de Dios. Todavía quedan muchos trajes de luto y aflicción en nuestra vida. ‘Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios’.¿Nos creemos en el camino recto? ¡Ojalá! Pero si con sinceridad miramos nuestra vida nos daremos cuenta de cuántas cosas tenemos que corregirnos, cuántas tenemos que mejorar, cuántas tenemos que hacerlas nuevas en nuestra vida. ¿Sabéis una cosa? El camino que tenemos que recorrer – aunque sea preparar los caminos del Señor que llega a nuestra vida – no es otro que seguir el camino de Cristo mismo. El nos lo dice en el Evangelio.




‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida’. Es vivir a Cristo; es poner como una plantilla sobre nosotros – plantilla que es Cristo mismo – para calcar en nosotros la vida de Cristo. Preparar el camino del Señor no es otra cosa, entonces, que querer cada día conocer más y más a Cristo, para poder reflejarlo totalmente en nuestra vida. Y eso lo hacemos de su mano – El nos guía – y con la fuerza y asistencia de su Espíritu.Así, como nos dice hoy san Pablo en la carta a los Filipenses, ‘llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios’.




¿No tendremos que decir en verdad, como hemos cantado en el salmo, ‘el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres’? Como decía el salmista todos tienen que reconocerlo y así tenemos nosotros que proclamarlo a pleno pulmón. ‘Todos verán la salvación de Dios’.

sábado, 28 de noviembre de 2009

HOMILIA PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO 2009


No le podemos cortar las alas al Adviento.



Material de Reflexión Diseñado Por el Presbítero Padre Carmelo Hernández desde Tenerife España.


Jer. 33, 14-16; Sal. 24; 1Tes. 3, 12-4, 2; Lc. 21, 25-28.34-36


‘Al comenzar el Adviento aviva en tus fieles el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene… para que colocados a su derecha un día merezcamos poseer el Reino eterno…’Así hemos orado hoy al inicio del tiempo del Adviento.

Para mí el Adviento es un tiempo ilusionante y provocador de esperanza que nos hace tender la mirada hacia adelante y hacia arriba con metas de futuro en plenitud.Pero no le podemos cortar las alas al Adviento. No nos quedamos en la celebración gozosa de un recuerdo de algo pasado. Cuando nosotros los cristianos celebramos hacemos memorial.

En la memoria que hacemos del actuar de Dios, seguimos sintiendo presente esa acción salvadora de Dios pero siempre tendemos hacia la plenitud final. Por eso decimos memorial. Fijémonos cómo lo expresa la liturgia en la celebración de la Eucaristía en sus plegarias eucarísticas.

‘Al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos… te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia… y merezcamos por tu Hijo Jesucristo compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas’.

O como decimos en la otra plegaria eucarística ‘al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo… y esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria’, terminamos diciendo.Esa dimensión de nuestra celebración cristiana, de lo que es toda nuestra vida cristiana, la esperanza de alcanzar la plenitud eterna de la gloria de Dios, no la podemos perder de vista en el tiempo del Adviento.

Adviento, que es precisamente celebrar y fomentar la esperanza. Cuando preparamos la celebración de la venida del Señor en la carne aprendemos a vivir la esperanza de su venida definitiva, mientras seguimos sintiendo, viviendo y celebrando de forma sacramental su presencia salvadora aquí y ahora en nuestra vida.Por eso, como decíamos antes, no le cortemos las alas al tiempo del Adviento.

Y con frecuencia, tenemos que reconocer, que se las cortamos cuando dejamos coja nuestra navidad celebrando sólo un aspecto. Nos alegramos, hacemos fiesta, gastamos todas nuestras energías en el solo recuerdo gozoso de su nacimiento en Belén, que para muchos además se queda en una fiesta de familia, por muy hermosa y bonita que sea. ¿Dónde se nos queda la celebración gozosa del hoy salvador de Cristo en nuestra vida? ¿dónde se nos queda la esperanza de esa plenitud total de su presencia? Tengamos en cuenta todo lo que nos ha dicho hoy la Palabra del Señor. Despertemos, alcemos la cabeza, se acerca nuestra liberación, nuestra salvación.

Que finalmente nos sintamos más llenos de la salvación de Dios, cuando lleguemos a celebrar la Navidad.Decíamos al principio de nuestra reflexión que el tiempo del Adviento es un tiempo ilusionante, ilusionador. Y en verdad será así, si tenemos en cuenta todos estos aspectos que hemos mencionado, tratamos de conjugarlos bien para que estén presentes en nuestra celebración y nos esforzamos por vivirlos en todos los sentidos.

Es ilusionante poner esperanza donde parece que no hay esperanza, despertar la fe donde parece que se ha enfriado o se ha perdido, llenarnos del amor de Dios y poner más amor en nuestras relaciones, en ese mundo en el que vivimos para llenarlo de humanidad y ternura. Y a todo esto nos está invitando el Adviento.

‘Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y amor a todos…’ nos decía san Pablo.Viene el Señor y hemos de prepararnos para su venida, hemos de esperar con toda intensidad su venida. Pero, ¿nos preparamos? ¿tenemos esperanza? Más aún, ¿cuáles son las expectativas y las esperanzas hoy? Las que tenemos nosotros y las que puede tener nuestro mundo. ¿Se habrá perdido la esperanza y acaso nosotros los cristianos nos hayamos contagiado de ello?Los agobios de la vida por una parte – y en la situación concreta que vive nuestra sociedad hoy – y las rutinas en las que fácilmente caemos en la vida pudieran hacernos perder las esperanzas y las ilusiones más elementales. ¿Estaremos ya desencantados de la vida, como si estuviéramos de vuelta de todo? ¿Ya no esperamos que en verdad pueda haber algo nuevo para mí, para la Iglesia, para la sociedad? A mucha gente pudiera parecerle que Dios ya no tiene nada que decir ni que hacer en este mundo en el que precisamente parece que hubiéramos desterrado a Dios. Hasta se quiere celebrar la navidad hoy sin Dios, sin Jesús, sin nacimiento en Belén, sólo como una fiesta del invierno o del sol que nace y comienza a crecer.Jesús nos decía: ‘Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida y se os eche encima de repente aquel día… estad siempre despiertos pidiendo fuerza para manteneros en pie ante el Hijo del Hombre’.

Despertemos, no vivamos embotados con tantas cosas ni con las desesperanzas del mundo. Mantengámonos en pie y vigilantes. Con ilusión y con esperanza. ‘En aquel día suscitaré un vástago legítimo que hará justicia derecho en la tierra’, nos anunciaba el profeta. Algo nuevo quiere hacer el Señor en nosotros, en nuestra Iglesia, en nuestro mundo. Las maravillas del Señor se siguen realizando. Hoy viene el Señor con su salvación.

Por mucho que quieran algunos, a Dios no lo podemos desterrar de este mundo. Porque El está en medio de nosotros y nos quiere dar la vida en plenitud. Y nosotros con nuestra fe y con nuestra esperanza lo tenemos que hacer visible, presente en nuestro mundo para que todos lleguen a creer en El. Es importante cómo vivamos este tiempo de Adviento y cómo lleguemos a vivir la Navidad, porque tenemos que ser estrellas luminosas para los demás. Démosle profundidad, trascendencia a este Adviento que estamos comenzando a vivir sin cortarle las alas, como hemos dicho y repetido.

domingo, 1 de noviembre de 2009

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS. HOMILIA DE REFLEXIÓN


MATERIAL ENVIADO POR EL PRESBÍTERO PADRE CARMELO HERNÁNDEZ, DESDE TENERIFE ESPAÑA.


La fiesta de Todos los Santos es la fiesta de toda la Iglesia.


Apoc. 7, 2-4. 9-14; sal. 232; 1Jn. 3, 1-13; Mt. 5, 1-12


Una fiesta importante para los cristianos la que hoy celebramos. Una fiesta, podemos decir, de toda la Iglesia o, si queremos, una fiesta en que celebramos a toda la Iglesia. Me explico. Decimos que celebramos hoy a todos los Santos. ‘Nos has otorgado celebrar en una misma fiesta a todos los santos’, decimos en la oración litúrgica. Pues bien, por eso mismo, es la fiesta de toda la Iglesia.Nuestra mirada se dirige quizá en primer lugar a la ‘Jerusalén celeste, a la asamblea festiva de todos los santos que ya en la gloria del cielo eternamente alaba al Señor’. La Iglesia triunfante, decimos. Esa multitud incontable de la que nos ha hablado el Apocalipsis que cantan el cántico eterno de la gloria de Dios.Pero, como sabemos, muy unida a esta fiesta está la conmemoración que el día 2 de noviembre hacemos de aquellos que han muerto y que purificándose en el purgatorio esperan llegar también a la gloria del cielo. Nosotros nos sentimos también unidos a ellos y por ellos oramos para que pronto puedan ya participar de la Jerusalén celestial. Dicha conmemoración, como ya reflexionaremos en otro momento, es también para la Iglesia una fiesta y celebración de esperanza.Pero hoy también contemplamos y celebramos a la Iglesia que peregrina aún en la tierra, los santos que en medio de nosotros están caminando como nosotros peregrinos hacia esa patria del cielo; peregrinos todos nosotros que hemos de ser santos porque para eso fuimos consagrados en el Bautismo; nosotros que queremos ser santos y a pesar de nuestra debilidad y tropiezos queremos vivir en fidelidad al espíritu de las Bienaventuranzas que Cristo nos deja y enseña como verdadero camino de santidad.Cuando nos miramos a nosotros mismos tan pecadores nos pueden parecer utópicas estas palabras que ahora nos están sirviendo de reflexión. Pero tenemos que ser utópicos y soñadores que con ilusión y esperanza queramos recorrer ese camino. Nos hace falta mirar hacia lo alto, aspirar a alcanzar los más altos niveles de santidad porque no es propio de un cristiano que se toma en serio su condición quedarse en la mediocridad, en simplemente irnos arrastrando sin más, porque sería además la manera de que nunca lleguemos a alcanzar esas altas cotas de la santidad.Digo altas cotas, pero eso no significa que sean inalcanzables, porque además si nos fijamos bien en el evangelio Jesús no nos pide habitualmente heroicidades sino la fidelidad de las cosas pequeñas y sencillas que se hacen grandes por el amor. Es el camino de las Bienaventuranzas que hoy nos propone.Sin seguir adelante, dejadme deciros una cosa; las bienaventuranzas que Jesús nos propone son su autorretrato. Miramos el espíritu de las Bienaventuranzas y como al trasluz a quien estamos viendo a Jesús. En ellas está retratada su vida, sus actitudes, su entrega, su amor. Y a ese Cristo lo vemos caminando a nuestro lado, en medio de nosotros, en tantos que calladamente y con sencillez viven, quieren vivir el espíritu de las Bienaventuranzas.Jesús nos está diciendo que es el camino verdadero que nos lleva a la dicha, a la felicidad. Nos cuesta a veces entenderlo. Depende de verdad en lo que nosotros hayamos puesto como ideal o meta de felicidad. Cuando queremos impregnarnos del espíritu del evangelio quizá choquemos con la manera de pensar del mundo. Algunos no conciben que se pueda ser feliz si no tienen de todo como si la abundancia de las cosas o la posesión de las riquezas sea lo único que les diera la felicidad llenando así su vida de mil cachivaches sustitutivos de lo que les falta en lo más hondo; piensan en pasárselo bien en la vida despreocupándose de todo y de todos; sólo se preocupan de sí mismos no permitiendo que nada ni nadie interfiera en su vida con problemas o sufrimientos, porque eso les podía mermar su aparente felicidad; que nada ni nadie los haga sufrir; lo importante es ganar o estar en el pedestal de la fama del poder o de la gloria a costa de lo que sea; los problemas del mundo o de los demás, que cada uno se las arregle; sólo piensan en disfrutar y pasárselo bien.Claro que a quienes así piensan les puede sonar raro o inútil lo que Jesús nos propone, porque ellos no se van a complicar la vida. Pero ¿se es feliz así de verdad? ¿tendrán una felicidad duradera y que a la larga les haga sentirse bien por dentro? ¿no será todo vanidad y vacío interior?Nosotros queremos mirar el sentido de lo que Jesús nos propone en el evangelio y de manera especial en las Bienaventuranzas. Y, como decíamos antes, esa mirada no es otra que mirar a Jesús, mirar lo que Jesús hacía y lo que era en verdad su vida. Y queremos tener una mirada sincera, auténtica porque también nosotros sentimos la tentación de lo que describíamos antes en el espíritu del mundo; nos sentimos muchas veces atraídos por esos cantos de sirena. Y hasta podemos tener la tentación algunas veces de poner en duda las palabras de Jesús. Pobres y sin apegos, sintiendo hondamente la inquietud por los demás, por su bien, por su dicha y felicidad, aunque eso algunas veces nos haga sufrir; alejando de nosotros la malicia del corazón; haciendo nuestras las preocupaciones de los demás y queriendo poner nuestro granito de arena de cada día para que todos vivamos en paz; no temiendo el sufrir la incomprensión o el sarcasmo de los otros porque nosotros hayamos optado por una vida así; poniendo toda nuestra confianza en Dios, porque sabemos que es Padre, pero aprendiendo también a confiar en el hombre – cuánto necesitamos esa confianza de los unos en los otros – podíamos decir que son como traducción a hechos concretos lo que formula Jesús en la Bienaventuranzas; si lo hacemos así estaremos dando pasos y pasos muy certeros y seguros por el camino que nos conduce a la felicidad más plena, que nos conduce a una dicha sin fin.No se nos piden cosas extraordinarias sino que lo extraordinario está en esa fidelidad a esas pequeñas cosas con las que sabemos que en verdad estamos construyendo el Reino de Dios. Y queriendo vivir todo eso hay muchos a nuestro lado que muchas veces nos pasan desapercibidos, pero que ahí están calladamente construyendo el Reino de Dios. Son esos santos que hoy también celebramos, porque como decíamos también tenemos que echar una mirada y celebrar a los santos de nuestro alrededor. Que los santos que ya están en el cielo y que lo único que hicieron mientras peregrinaron por esta tierra fue el vivir el espíritu de las Bienaventuranzas de Jesús, sean para nosotros poderosos intercesores en el cielo para alcanzarnos del Señor esa gracia que tanto necesitamos y nos ayude a vivir ese camino de santidad, ese camino verdadero de dicha y felicidad.Por último decir que celebrar esta fiesta de todos los Santos no la podemos entender sin nuestra fe en la resurrección y en la vida eterna. Sin esta fe y esperanza todo lo otro podría carecer de sentido. Porque es en esa vida eterna, en ese cielo al que aspiramos donde podremos vivir esa felicidad total, en plenitud y por toda la eternidad con Dios. Por eso pediremos en esta liturgia que ‘pasemos de esta mesa de la Iglesia peregrina al banquete del Reino de los cielos’. Cuando comemos a Cristo en la Eucaristía se nos está dando en prenda la vida futura.

sábado, 24 de octubre de 2009

HOMILIA DEL DOMINGO 25 de Octubre 2009

¿Qué quieres que haga por ti?

Jer. 31, 7-9; Sal. 125; Heb. 5, 1-6; Mc. 10, 46-52

Material Gentileza del Presbítero Padre Carmelo Hernández, desde Tenerife España

De entrada decir que Jesús quiere llegar a todos con su vida y su salvación. ‘Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’, nos dice el evangelio. Pero para que todos puedan llegar hasta El y alcanzar la salvación, Cristo quiere valerse de nosotros. Lo malo sería que en lugar de ser mediaciones positivas seamos obstáculo que impida a algunos el encuentro con Jesús salvador. En resumen casi podríamos decir que es el mensaje que contemplamos hoy en el evangelio

.Jesús sale de Jericó acompañadote sus discípulos y de mucha gente. Como era normal entonces allí junto al camino hay un ciego pidiendo limosna, ‘Bartimeo, el hijo de Timeo’. Los hemos encontrado así a través de los tiempos en nuestras plazas, calles o caminos. Una discapacidad, su ceguera, que le impedía realizar cualquier trabajo, lo que le marginaba y hundía en la más absoluta miseria; lo único que podía hacer era pedir limosna al lado de los caminos a todo el que pasara. Una vida dura y triste. Aquel camino de Jericó era el camino habitual para quien subía a Jerusalén sobre todo con ocasión de la fiesta de la Pascua u otras fiestas judías en las que eran muchos los que afluían a la ciudad santa, ya vinieran desde Galilea por el valle del Jordán o vinieran desde la transjordania, más allá del Jordán. Un lugar apropiado para quien pidiera una limosna.

Pero la muchedumbre que en esta ocasión pasa junto al camino parece distinta a unos oídos acostumbrados a diferenciarlas diferentes personas y los grupos que lo cruzaban. A sus preguntas se entera que es Jesús, el profeta de Nazaret, que viene con sus discípulos y mucha gente. ‘Hijo de David, ten compasión de mí’, comienza a gritar.

¿Qué es lo que pide? ¿una limosna? Pero no pide a la gente, sino grita al profeta de Nazaret, al Hijo de David; grita por Jesús.Algunos, muy preocupados por escuchar las palabras del Maestro y que con estos gritos no le pueden escuchar claramente, le mandan callar. ¿Son una molestia sus gritos o más bien ellos una molestia, un obstáculo para que ese pobre ciego se haga oír por Jesús? El ciego grita más fuerte. ‘Jesús se detuvo y lo mandó llamar’. Ahora sí le dicen: ‘¡Ánimo, levántate que te llama!’ Con Jesús las actitudes tienen que cambiar.‘Soltó el manto – para ir hasta Jesús hemos de dejar atrás los impedimentos, todas las cosas que puedan ser estorbos para poder acercarnos con mayor prontitud – dio un salto y se acercó a Jesús’. Ahora había quien le llevara hasta Jesús.‘¿Qué quieres que haga por ti?’ ¿Qué le pediríamos nosotros a Jesús? El quiere escuchar nuestros anhelos y nuestras peticiones más profundas. Quizá meditando este pasaje del evangelio tendríamos que analizar muy bien qué es lo que tendríamos que pedir a Jesús.

¿Seremos nosotros como aquel ciego Bartimeo que le pedía ‘Maestro, que pueda ver’, o acaso como aquellos acompañantes le tendríamos que pedir un cambio de actitudes?Podríamos pensar en cómo estaba aquel hombre sentado al borde del camino. Es muy significativo. No veía y se había quedado sentado pasivamente al borde de la vida contentándose con suscitar compasión y pedir una limosna. Algunas veces nos hundimos fácilmente por problemas, carencias, debilidades, cosas que nos pasan. ¿Sólo queremos provocar compasión en los demás? Haría falta algo que nos levantara, nos hiciera sentir vivos de nuevo, salir de la pasividad, comenzar a dejar atrás negruras para ver de nuevo la luz. Quizá haya mucha negatividad en nuestra vida. Quizá nos sentimos aplastados por el peso del mal y del pecado que hemos dejado meter en nuestro corazón. En Jesús podemos encontrar esa luz, esa vida que necesitamos, esa mano que se nos tiende; en Jesús puede renacer de nuevo nuestra esperanza. ‘Hijo de David, Jesús Salvador, ten compasión de mí’.Pero podemos pensar también en los acompañantes de Jesús.

Como decíamos, quizá muy preocupados por escuchar las palabras de Jesús, sin embargo querían cerrar los ojos y los oídos para no ver ni oír a quien estaba al margen del camino. Incluso aquellas personas se habían convertido en obstáculo para que el ciego no molestara con sus gritos pidiendo ayuda. Pobrecito, quizá pensaban sintiendo lástima por aquel pobre hombre en su necesidad, pero de ahí no pasaba su compasión. Para ellos la vida de aquel hombre con su ceguera y sus gritos era una molestia. Quieren pasar de largo y que no los molestaran. No nos queremos molestar porque nosotros no nos queremos mezclar con cualquiera, esos que vienen de otros países, son de otra raza, tienen unas limitaciones o discapacidades, están enfermos o nos pueden contagiar. Nos hacemos insensibles, cerramos los ojos y pasamos de largo – podemos recordar también la parábola que Jesús propuso donde nos hablaba de aquellos que dieron un rodeo para no encontrarse con el malherido junto al camino -. Encima les echamos la culpa de su situación por que son unos desgraciados que no saben aprovechar lo que tienen o se les da.

Hasta somos capaces de decir cosas bonitas, hacer hermosas estadísticas o preciosos proyectos, pero que al final nos quedamos en nada como siempre.¿Qué le pediríamos al Señor, porque El también nos está pregunta que queremos que haga por nosotros? ‘Hijo de David, ten compasión de mí’. Transforma mi vida y mi corazón. Dame un corazón nuevo. Que se nos abran los ojos para ver, el corazón para sentir el latido del corazón del hermano que sufre a mi lado. Que nunca sea un obstáculo; que sea una mediación bien positiva para que Jesús llegue a todos, para que todos los ‘bartimeos’ que están a nuestro lado a través de mi puedan llegar a Jesús. ‘Tu fe te ha curado. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino’. Es lo que nos tiene que suceder también hoy a nosotros. Que, porque con fe venimos hasta Jesús con nuestra cegueras, recobremos la luz de nuestros ojos, de los ojos de nuestro corazón, para mirar con mirada distinta, la mirada de Jesús. Para que también nosotros le sigamos por el camino, sigamos el camino de Jesús, caminemos tras sus huellas siguiendo sus mismos pasos, viviendo su mismo estilo de amor.

Que también dejemos atrás los mantos que nos estorban, son tantos y tantos los apegos del corazón, para que con prontitud sigamos a Jesús. Que podamos cantar en verdad ‘el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres’ porque así nos sintamos transformados, curados por Jesús. Que nos inunde la alegría de la fe, de la luz, de la vida de Jesús

sábado, 17 de octubre de 2009

HOMILIA DOMINGO 18 DE OCTUBRE 2007


Una diaconía de servicio que nos lleva a dar la vida


Is. 53, 10-11; Sal. 32; Heb. 4, 14-16; Mc. 10, 35-45


A todos nos gusta - ¿por qué no reconocerlo? – ser tenidos en cuenta, ser valorados, reconocidos y, podríamos decir, triunfar en la vida. Nos eleva la autoestima. Nos estimula en el desarrollo de nuestras cualidades y valores, para poner en práctica aquello otro que se nos dice, que hemos de hacer fructificar los talentos que Dios nos ha confiado.Esto que digo no está reñido ni en contradicción que lo que Jesús nos enseña hoy en el Evangelio.


Porque lo que nos quiere enseñar Jesús es el evitar que nos llenemos de tales ambiciones que lo que a la larga deseemos es estar por encima de los demás, ser considerados mejores o más importantes, y para lograrlo nos valgamos incluso de malas mañas como puedan ser los codazos o la manipulación de las situaciones o de las personas.Aquello que decíamos que nos agrada no es porque todo lo hagamos pensando sólo en nosotros o en nuestra ganancia personal.


Es que tendríamos que pensar en la repercusión social que tienen nuestros actos, porque somos seres sociales que hemos de vivir en plena y sana convivencia con los demás. Nuestros valores no están sólo en función de nosotros mismos sino que tienen una repercusión en beneficio de los demás. Creo que es el momento de profundizar en el mensaje que hoy nos ofrece el evangelio y toda la Palabra de Dios proclamada, y lo que es el sentido mismo de lo que hoy estamos celebrando, de lo que tiene que ser nuestra celebración cristiana.


Ya hemos escuchado el Evangelio con la petición, las ambiciones y hasta las manipulaciones de los hermanos Zebedeos. Comenzando por esto último, vemos que ellos se estaban valiendo de que eran parientes de Jesús para hacer esta petición y esto les podría dar ‘derecho’ a unas preferencias especiales – eso creían – o a unos puestos especiales en el Reino que Jesús estaba anunciando. Además el otro evangelista que nos relata este mismo hecho habla en el mismo sentido de la madre ambiciosa que hace las peticiones para sus hijos.¿Sería buena o sería mala la petición que hacen a Jesús? Podríamos pensar muchas cosas. Habían estado con Jesús desde el principio. En el cuarto evangelio vemos que Juan es uno de los que oyeron al Bautista y fueron él y Andrés los primeros que se vinieron con Jesús. Los otros evangelistas nos hablan de la orilla del lago y del paso de Jesús llamando primero a Pedro y Andrés y luego a Santiago y Juan que estaban con su padre repasando las redes después de la pesca. Cómo lo dejaron todo, las redes, la barca, su padre por seguir a Jesús para ser como luego les llamaría ‘pescadores de hombres’.


Ser reconocidos por esa prontitud no estaba mal, pero es que ellos pedían otra cosa, tenían otras ambiciones, que provocarían los comentarios y envidias de los demás discípulos. Querían ser los primeros, uno a la derecha y otro a la izquierda.Y es aquí donde Cristo quiere enseñarnos. Seguir a Jesús para estar junto a El, muy cerca de El, significaba un bautismo de sangre, un beber el cáliz de la pasión, les viene a decir. Y el aceptar ese bautismo y ese cáliz no se podía quedar en bonitas palabras o buenas intenciones. Eso tenía que traducirse en unas actitudes profundas de dar la vida. Actitudes que tenían que pasar por el servicio incondicional y total hasta llegar a ser capaces de dar la vida. No era cualquier cosa lo que Jesús les planteaba.Si Jesús les llega a decir que el que quiera ser grande, ‘sea vuestro servidor’, y el que quiera ser primero, ‘sea vuestro esclavo’, es porque el modelo lo tenemos en El.


’El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos’. Como nos dice la carta a los Hebreos ‘se hizo en todo semejante a nosotros menos en el pecado’, pero es ‘el siervo que nos justificará a todos, porque carga con los crímenes de todos’.Así lo vemos a través de todas las páginas del evangelio. Porque el dar la vida no fue un acto puntual de un momento, no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una actitud constante de servicio que envuelve toda su vida como su razón de ser.


El que veremos dando su vida en la cruz y muriendo por nosotros, fue el que pasó haciendo el bien, el que compasivo en todo momento ofrece salud y salvación, compasión para aliviar el dolor de los que sufren y perdón para rehabilitarnos de todo pecado y llenar de paz nuestro corazón; será el que nos hable de amor y de servicio, pero al que veremos de rodillas delante de sus discípulos para lavarles los pies.No seremos ya nosotros como los poderosos que por ser jefes tiranizan a los demás, no como los que se consideran grandes e importantes y por eso oprimen a todos. ‘Vosotros, nada de eso’, nos dice Jesús. Ese no puede ser nuestro estilo. Esa no puede ser nuestra vida. Mucho tendría que hacernos pensar este evangelio para que en verdad vivamos una diaconía de servicio a favor de los hermanos.Quisiera conectar esta reflexión con la jornada misionera que hoy estamos celebrando en toda la Iglesia. Podríamos decir que la Iglesia misionera es la expresión de esa diaconía de servicio que la Iglesia quiere ser para toda la humanidad. Y el mejor mensaje de servicio que ofrecemos es el anuncio de Jesús, su salvación a todos los hombres, a toda la humanidad. Es el regalo de la fe y del amor que la Iglesia ofrece a todos los hombres.


Es el regalo también de la esperanza. Al anunciar a Jesús queremos ofrecer la posibilidad de una nueva humanidad; queremos hacer una nueva humanidad, un hombre nuevo, una civilización nueva, la civilización del amor, como le gustaba decir a Juan Pablo II. Cuánto se va transformando el corazón del hombre y en consecuencia, cuánto se va transformando también nuestra sociedad cuando hacemos un auténtico anuncio de Jesús y de su Evangelio. Hoy se nos recuerda que somos una Iglesia misionera.Tenemos reciente, del pasado domingo, la canonización de varios testigos que supieron encarnar en su vida el mensaje del evangelio que hoy hemos meditado. Me quiero referir de manera especial al P. Damián de Molokai que todos quizá conocemos más, aunque podríamos referirnos también a los otros santos canonizados.


El P. Damián de Veuster se fue con los últimos, se unió a la vida de los últimos y de los que nadie quería, los leprosos de Molokai, hasta morir contagiado de la lepra con ellos y por ellos sin ni siquiera poder salir de la isla para buscar su propia curación. Es el testimonio vivo, el testigo con su vida inmolada del evangelio que hoy hemos escuchado. Supo plasmar en su vida lo que Jesús nos enseña hoy. Creo que nos sobran palabras y comentarios. ¿Aprenderemos a hacernos los últimos y servidores, a inmolar nuestra vida en el amor aunque no seamos reconocidos y valorados?.

MATERIAL ENVIADO POR EL PRESBÍTERO PADRE CARMELO HERNÁNDEZ DESDE ISLAS CANARIAS. TENERIFE ESPAÑA.

MATERIAL DE REFLEXIÓN ENVIADO POR NUESTRO AMIGO DANTE GUTIERREZ.


Conferencia de Pilar Sordo sobre “Cómo ser feliz en el siglo XXI”


30-09-2009 Casa Piedra – Auspiciado por ING Chile.


Pilar Sordo (PS) dice que se le ocurrió hacer una investigación en Chile y otros países sudamericanos en una conversación con su abuela que le dijo “...no entiendo por qué hoy la gente no se ríe y no se ve feliz, cuando en mi época teníamos que lavar de rodillas en bateas, hacer la comida desde cero porque no existía nada preparado ni en conservas, lavar pañales, encender la estufa con carbón, andar a pie o en micro, etc. etc...”. Entonces la investigación consistió en indagar ese por qué, es decir, por qué la gente no se ve feliz. Primero, descubrió que existe ‘un culto o respeto’ al mal genio. Es decir, la gente respeta y considera ‘importante’ a la gente que anda con el ceño fruncido o que no se ríe.

“En una revista aparecieron las fotos de los 10 Gtes. Generales de empresas que se ganaron el mejor lugar para trabajar en Chile: a lo más 3 sonreían”. Hoy si te ríes o llegas a la hora pareciera que no tienes nada que hacer, es decir, eres poco importante.


Los médicos, si atienden a la hora, es porque ‘no tienen pacientes’. Pareciera que hoy, el que se ríe es el que tiene que ir al psicólogo (“hazte ver”). La persona sonriente tiene que entrar a explicar por qué está así. Sin embargo, a la amargada no se le pregunta porque ‘eso es normal’. Imaginen el ejemplo a nuestros niños, no aprenden a sonreír. La sociedad será cada vez más seria. Segundo, existe el fenómeno de la “invisibilidad”: no vemos a las personas de nuestro entorno. No se ‘personifica’, nadie es llamado por su nombre, ni menos se saluda, especialmente a personas que otorgan servicios a nuestro alrededor como las que hacen el aseo, guardias de seguridad, el jardinero, etc. También la gente es conocida por lo que hace y no por lo que es. Días atrás fueron a instalarme una cortinas, me presenté y le pregunté el nombre al cortinero. El cortinero se quedó pensando y me dijo ¿sabe sra. Pilar yo casi no uso mi nombre porque yo soy “el de las cortinas”. Lo cierto es que cuando le preguntan el nombre a alguien, éste se asusta porque normalmente es para retarte o acusarte al jefe.


Un simple saludo puede ‘cambiar’ el ciclo de la sociedad, por ejemplo, el Guardia está todo el día ‘invisible’ llega a su casa de mal genio, violento, sin conversación familiar, nada nuevo. Un solo saludo puede cortar ese círculo, dándole un tema de conversación con la familia, llegando de buen humor a su casa. Cada uno de nosotros podemos hacer algo para cortar el círculo negativo. La gente que saluda, que es amable, que mira y respeta a los demás no se nota en el día a día, pasa ‘piolita’. Los que sí se notan son las personas agresivas, los que gritan y atropellan. Es decir, la sociedad fomenta este tipo de personas transformándose en modelos a seguir por los jóvenes. Incluso hoy se está “capacitando a las personas para ser amable”. En un Call Center te responden Buenos Días, mi nombre es Evelin, ¿en que puedo servirle? y la niña que dice esto no soporta su trabajo. Pregunté a los Guardias de A.París, que también deben saludar al entrar y salir cada cliente, si los clientes les respondían el saludo.


Por supuesto que no, pero me aseguraron que si le dijeran a algún cliente: “chao vieja e’mierda” se devolverían y le preguntarían el nombre, etc,. etc. Otro aspecto destacable es la anticipación de la desgracia. En Chile ‘lo bueno’ dura poco. A la embarazada la vecina le cuenta que la Juanita perdió la guagua y luego agrega “pero tu estás bien, ¿cierto?. Uno no sabe si fue a darle ánimo o a cagarla. ¿Cuántos hijos tienes? – todavía no tenemos - AH! Que bien, pero espérate cómo te va a cambiar la vida cuando tengas un hijo!!. Aprovecha de disfrutar (...que te va a durar poco)!!. Pasa mucho tambien que nos enteramos de las cosas cuando “no resultan”. Si una amiga empieza a salir con un mino, no le cuenta a nadie ...!! Sólo nos enteramos una vez que se termina la relación. Si alguien está postulando a un buen trabajo, no cuenta y uno se entera cuando no quedó seleccionado. También tenemos la característica (los chilenos) de no tener nunca la culpa. En el Supermercado una Sra. pasó a llevar unos tarros que se cayeron y siguió tal cual. Yo le hablé y le dije que se le habían caído los tarros y ella dijo “no, a mi no se me cayeron” ....Estuve media hora tratando que reconociera, hasta le pregunté a otro cliente si había temblado, para convencerla. Al final reconoció diciendo: bueno, alomejor, puede ser, no me di cuenta”. Otra costumbre que atenta contra la felicidad es esa manía de “guardar cosas”. Por ejemplo, manteles, copas, cuchillería, etc. etc.


Yo me crié creyendo que las aceitunas eran sólo para las visitas, y si mi apuran, también el maní. Lo peor de esto es ¿para quién o para qué se guardan estas cosas? ¿para las visitas que no sabemos quienes son ni cuando vendrán? Por último, si supiésemos quienes son los podríamos llamar para decirles que se apuren en venir para usar esas cosas ...!. Mi papá (con vergüenza) me contó que iba a botar una botella de champagne vencida que compró cuando yo nací hace 43 años atrás, es decir, nunca la uso para celebrar algún logro mío. Y así estamos todos, paralizados esperando que el resto empiece a hacer algo, que salude, etc. Que hacer, cómo ser feliz: Primero “Decidir” ser feliz. Es una decisión personal sonreír, ser amable, saludar, ver a las personas, ser positivo y no hacerle caso a los que cagan la onda, a los mal genio, a los que no saludan, etc. Ser feliz con las desgracias reales incluidas. Uno puede andar contento o sonriente aunque tenga penas o tristezas (ejemplo, a Pilar se le murió el marido y anda dando charlas ....”feliz de la vida” dice una vieja mal hablada... pero ya se va a dar cuenta que se le murió el marido y ...). Segundo “Ser agradecido”.


Si yo pregunto cómo fue tu día ayer y me dices como todos, común y corriente ¿has pensado en la ducha caliente, en la cama blanda con ricas sábanas, en que vas a alguna parte y te subes al auto, o en la comida, o que tu familia está con buena salud, etc. etc.? Pues debes tener claro que todo eso no lo tienen todas las personas, más de la mitad del planeta no tiene agua caliente para bañarse. Y Vivir el Presente. Disfrutar del hoy y ahora. No ducharse pensando en lo que voy hacer o dejé de hacer, si no disfrutando la sensación del correr del agua por nuestro cuerpo.


NO CREAMOS NI PRACTIQUEMOS EL DICHO: “EN LA BOCA DE LOS TONTOS ABUNDA LA RISA”

martes, 13 de octubre de 2009

MES DEL SANTO ROSARIO.UNA OPORTUNIDAD PARA ORAR

"La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar “los misterios de Cristo”.

La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo”. La meditación de estos misterios conduce a la contemplación, pues, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con Él”.

“El rezo del Santo Rosario, con la consideración de los misterios, la repetición del Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y amor, de adoración y reparación”.Hasta ahora se ha considerado como la mejor definición del Rosario, la que dio el Sumo Pontífice San Pío V en su "Bula" de 1569: "El Rosario o salterio de la Santísima Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor".

El Rosario consta de 15 Padrenuestros y 150 Avemarías, en recuerdo de los 150 Salmos.La palabra Rosario significa "Corona de Rosas". Nuestra Señora ha revelado a varias personas que cada vez que dicen el Ave María le están dando a Ella una hermosa rosa y que cada Rosario completo le hace una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, y así el Rosario es la rosa de todas las devociones, y por ello la más importante de todas.El Rosario esta compuesto de dos elementos: oración mental y oración verbal.En el Santo Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre.

Estos quince misterios se han dividido en tres grupos: Gozosos, Dolorosos y Gloriosos.La oración verbal consiste en recitar quince decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María, cada decena encabezada por un Padre Nuestro, mientras meditamos sobre los misterios del Rosario.La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: cuando Nuestra Señora se apareciera a Santo Domingo y se lo entregara como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos.

Desde entonces su devoción se propagó rápidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados.Entre las varias formas y modos de honrar a la Madre de Dios, optando por las que son mejores en si mismas y mas agradables a Ella, es el rezo del Santo Rosario la que ocupa el lugar prominente. Vale la pena recordar que entre las variadas apariciones de la Santísima Virgen, siempre Ella ha insistido en el Rezo del Rosario. Es así como, por ejemplo, el 13 de Mayo de 1917 en un pueblo de Portugal llamado Cova de Iria, la Santísima Virgen insiste con vehemencia el rezo del Rosario a los tres pastorcitos, en una de sus muchas apariciones a estos tres videntes.Siendo un sacramental, el Santo Rosario contiene los principales misterios de nuestra religión Católica, que nutre y sostiene la fe, eleva la mente hasta las verdades divinamente reveladas, nos invita a la conquista de la eterna patria, acrecienta la piedad de los fieles, promueve las virtudes y las robustece. El Rosario es alto en dignidad y eficacia, podría decirse que es la oración más fácil para los sencillos y humildes de corazón, es la oración mas especial que dirigimos a nuestra Madre para que interceda por nosotros ante el trono de Dios.

El Santo Rosario prolonga la vida litúrgica de la Iglesia pero no la sustituye, al contrario enriquece y da vigor a la misma liturgia. Es por ello, que el Santo Rosario se enmarca como una plegaria dentro de la religiosidad popular que contiene un gran tesoro de volares que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia.El pueblo latinoamericano es profundamente Mariano, reconoce con una gran sabiduría popular católica, que plegamos a Jesús Salvador a través de Maria Santísima su Madre y desde los mismos tiempos del descubrimiento y de la conquista de América, se genero una gran devoción por la Virgen Maria; en Ella, nuestros pueblos siempre han mirado el rostro maternal de quien nos trajo la salvación y con la primera manifestación explicita de la Reina del Cielo en tierra americana, con rostro y figura de mujer mestiza, en México, se acrecentó aun mayor el amor y la devoción a ella en todos los países hispano parlantes, reconociéndola como nuestra propia Madre, llena de amor, de misericordia y de piedad para con sus hijos.

Sentimiento que va en relación directa con el origen mismo de la Maternidad Divina: Maria es Madre de Dios Redentor es también verdaderamente la Madre de todos los miembros de Cristo, porque Ella colaboro con su amor a que nacieran en la Iglesia, los creyentes, miembros de aquella cabeza que es Cristo.

El paso del tiempo, las costumbres modernas, y la innovación de formas de oración, no pueden dejar a un lado el rezo del Santo Rosario

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